
Sí, lo sé, he perdido la razón por un amor imposible, tan lejando e intangible que odio a mi propio corazón por esperar una palabra suya, una sonrisa hacia mí no dirigida, o un centímetro de su piel desnuda o una caricia accidental, pero al menos caricia, para que su odiada imagen en mis sueños surja y así, en mi tormento, sobrevivir otro día.
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